Reseña Historica

Reseña Histórica

La historia del Instituto Nacional de Geriatría se remonta a 1976, cuando se crea como Centro Geriátrico. En 1984 el Servicio de Salud Metropolitano Oriente (SSMO) le da el carácter de Centro Especializado de atención de salud para la población Adulto Mayor. En 1997 se le reconoce como establecimiento de especialidad y formador de recursos humanos, recibiendo el nombre de Instituto Nacional de Geriatría (INGER). En 1999 pasa a llamarse “Instituto Nacional de Geriatría, Presidente Eduardo Frei Montalva. En la actualidad, es el único hospital público a nivel nacional destinado a la atención de Geriatría Aguda, con un modelo de atención integral e interdisciplinario.

 

La Quinta de los Jesuitas

Los antecedentes recopilados apuntan a que el lugar donde se emplaza actualmente el Instituto Nacional de Geriatría fue –a fines del siglo XIX - una quinta que era propiedad de particulares. Según los archivos de la “Historia de los jesuitas en Chile”, correspondió al padre Reverter, Rector del Colegio San Ignacio entre 1891-1896, la adquisición de una casa de vacaciones para los Padres y Hermanos del Colegio. “A una legua de distancia”, en la actual calle Jesuitas, que de esto deriva su nombre, y que entonces se llamaba “Callejón de Azolas”, adquirió una villa de dos cuadras. Se le hizo una Capilla que bendijo el Sr. Arzobispo de Santiago, monseñor Mariano Casanova en 1892 y fueron padrinos Doña Felipa Ossa Cerda y Don Carlos Walker Martínez. También se amplió, ese mismo año, para que los Padres no fueran a pasar sus vacaciones a casas de familias amigas, como solían.

En abril del año 1909 una epidemia de viruela asolaba a la capital y a medida que se multiplicaban los casos, los tuberculosos del Hospital San José, iban siendo trasladados a otros lugares para dejar espacio.

Es así como se habilitó un Lazareto de barracas que no demoró mucho en llenarse. Entonces el Sr. Luis Lira, a nombre de la Compañía de Jesús, ofreció en venta a la Junta de Beneficiencia de Santiago, dicha quinta, aledaña al Hospital del Salvador y a tres cuadras de la Avenida Providencia. Su extensión era de 30.000 m2, con un recinto de 6.000 m2 construidos, donde fácilmente podían instalarse salas para la atención de enfermos.

 

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De Lazareto a Hospital San Luis

El nuevo Lazareto, llamado San Luis, empezó a funcionar con 60 camas.  Se le hicieron pozos para evitar que el contagio se propagara hacia el poniente a través de acequias.

La epidemia fue disminuyendo y el 10 de agosto del mismo año no quedaban más de 10 convalecientes. Se ordenó entonces desocupar el local y fumigarlo con ayuda del Desinfectorio Público.

Terminada la epidemia se pensó en destinar el mencionado Lazareto a un hospital de niños, aun cuando se estaba proyectando un gran centro de este tipo, cuyos planos se preparaban en Berlín, Alemania. Aún así, ya en 1910, se habilitó como una sección especial del Salvador, con 86 camas para atender a menores afectados por enfermedades infecciosas, como difteria, escarlatina y alfombrilla.

Así, desde sus orígenes el San Luis fue un hospital de infecciosos, carácter que se reforzó en junio de 1913. Ante un llamado del Presidente del Consejo Superior de Higiene, para que los hospitales dispusieran de salas especiales para atender a enfermos de difteria, el Dr. Roberto del Río, indicó que el San Luis, era especialmente adecuado para este fin, por estar aislado y porque había sido creado para enfermedades infecciosas. Se destinaron entonces dos salas con un total de 20 camas para diftéricos.
El tratamiento de las enfermedades venéreas en el San Luis, tiene su origen en una herencia. El 27 de septiembre de 1910 se informa que el Dr. Miguel Díaz Muñoz, de Rancagua, había dejado $30.000 a la Junta de Beneficiencia. En la cláusula 11 del testamento se establecía que el dinero debía dedicarse a recoger a las prostitutas enfermas de los barrios bajos para curarlas.

En la revista de Beneficiencia Pública de 1920 se comunica que pronto sería puesto en servicio el Pabellón Miguel Díaz Muñoz, habilitado con los recursos de la herencia, como anexo del hospital San Luis. El pabellón constaba  de dos edificios, uno destinado a policlínico y otro para hospitalizar a las enfermas. Esta última sección se encontraba aislada a fin de satisfacer la necesaria clausura relativa de las aisladas. Gracias al uso de antibióticos las enfermedades venéreas mermaron en forma considerable.

Con el tiempo, el hospital San Luis se convirtió en la sección de Dermatología del Hospital del Salvador. Pero no sólo eso, dicho centro asistencial fue también cuna de destacados profesores como los Dres. Luis Prunés y Roberto Jaramillo, ambos lideraron la fundación de la actual Sociedad Chilena de Dermatología y Venereología en 1938.

 

Los remanentes del Hospicio     

En el sector donde hoy se encuentra emplazada la Posta Central, funcionó el antiguo Hospicio de Santiago, que atendía a niños, adolescentes, adultos y ancianos con problemas psiquiátricos.

En el año 1968, los pacientes crónicos del hospicio fueron trasladados al Hospital psiquiátrico Colonia El Peral de Puente Alto, conocido hoy como “Sanatorio El Peral”. Por otra parte,  los pacientes menos graves y violentos fueron llevados al Hospital San Luis, donde los “hospicianos” eran ubicados en salas del primer piso.

Con la creación del Centro Geriátrico en 1976 y posterior resolución del Servicio de Salud Metropolitano Oriente, en 1984, el actual Instituto Nacional de Geriatría, deja de funcionar como “hospicio”. Los últimos dos pacientes fuerontrasladados desde el Instituto a un hogar de la comuna de La Reina, perteneciente a  la Corporación Nacional de Protección a la Ancianidad, CONAPRAN, luego del terremoto de febrero de 2010.

 

 

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